Espacio Crítico 7 otoño 2009

octubre 12, 2009

MI AMIGO “KAPU”

Filed under: Uncategorized — Mariola Matute Cortina @ 5:50 pm

Ryscard Kapuscinski nació el 4 de marzo de 1932, en Polonia. Estudió historia del arte aunque a los 17 años comenzó a dedicar su vida al periodismo, por lo cuál supo conjugar de la mejor manera éste a la literatura.

ryszard-kapuscinski
En una de sus entrevistas menciona, los retos con los que en la actualidad se enfrenta el periodismo, plantea como hace 50 años esta profesión se percibía totalmente diferente, el periodismo era una profesión respetable y digna, realizada por un grupo reducido de personas reconocidas ante la sociedad; sin embargo hoy en día, ve el periodismo como una pequeña porción de los medios de comunicación, dónde predominan los medios audiovisuales.

(Véase el link)

Ha colaborado con medios como: “Time”, “The New York Times”, “La Jornada” y “Frankfurter Allgemeine Zeitung”.
También fue reportero en distintos países comenzando en los años cincuenta en India y China, después recorrió África; ahí descubrió las limitaciones del lenguaje pero al mismo tiempo la extraordinaria capacidad y utilidad del lenguaje corporal, signos, señas y gestos.
(Véase el link)

Su recorrido a través de distintos países cubriendo guerras, golpes de estado y varias revoluciones, me produce fascinación y curiosidad.
Trabajaba para la Agencia de Prensa Polaca, la cuál no contaba con mucho presupuesto para disponer de herramientas que facilitaran su trabajo, esto marcó el peculiar estilo que define e identifica a Kapuscinski. No le quedaba más remedio que hablar, preguntar, conocer e ir atesorando cada parte de información, opinión e historia en el camino lo que hizo abrirse y tener la oportunidad de conocer a miles de personas y poder adentrarse situaciones y realidades que no salían en televisión o radio.
Así define que el periodismo existe gracias al otro.
“El periodismo, en mi opinión, se encuentra entre las profesiones más gregarias que existen, porque sin los otros no podemos hacer nada. Sin la ayuda, la participación, la opinión y el pensamiento de otros, no existimos. La condición fundamental de este oficio es el entendimiento con el otro: hacemos, y somos, aquello que los otros nos permiten. Ninguna sociedad puede existir sin periodistas, pero los periodistas no podemos existir sin la sociedad.”
(Véase el link)

Es un hombre reconocido, admirado y sumamente interesante. Ha ganado el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (2003) y, el Premio Literario Elsa Morante (2005). Nombrado Doctor Honoris Causa por distintas universidades.
Autor de libros como: “El emperador”, “El Sha”, “El Imperio”, “Ébano”, “La guerra del fútbol”, “Los cínicos no sirven para este oficio”, “Un día más con vida”, “Los cinco sentidos del periodista”, “El mundo de hoy” y “Viajes con Herodoto”.
Sin embargo yo, lo conocí demasiado tarde. El 20 de noviembre del 2009, después de haber estado todo el día trabajando y estudiando por fin llegué a mi casa. Cansada con ganas de tirarme en el sillón y ver la televisión hasta quedar profundamente dormida, tuve el encuentro más interesante de mi vida.
Entre sueños, pero parecía totalmente real.

Me encontraba en un lugar que podía reconocer el olor a tinta, apreciar cada detalle, hasta tocar el relieve tallado de un escritorio al centro del lugar; estaba en un despacho con piso de madera obscura y rodeada de libros y libros; había una máquina de escribir en el escritorio, junto con hojas de papel y una colección de plumas.
La vista del lugar era algo magnifica, el olor fresco del bosque y los pinos llegaba a mi nariz causando recordar miles de lugares. De pronto mirando los libros y leyendo los títulos, me sorprendió una voz. Al voltear, encontré a este señor sereno, serio pero sonriendo de forma agradable sentado en una silla enorme de cuero. En ese momento no se me pasó por la cabeza, de quién se podría tratar. Lo salude de regresó amablemente. Me preguntaba que me llamaba más la atención si su mirada curiosa observando cada movimiento que yo hacía y que me ponía nerviosa o su sonrisa que me inspiraba confianza y me hacia sentirme identificada, cómoda. No sabía que hacía ahí, fue entonces cuando le pregunte que quién era y sí sabía dónde estábamos.

Soltando una carcajada me respondió. Era ni más ni menos que Ryscard Kapuscinski y estábamos en su estudio-biblioteca, así fue como todo empezó.
Comenzó por ubicarme en el contexto que el vivió al principio cuando apenas comenzaba a trabajar, una realidad completamente fuera de lo que hoy estamos acostumbrados. Me decía que:
“Cuando existía el telón de acero estábamos aislados. Apenas conocíamos algo del otro lado. Todo nos llegaba distorsionado. No sabíamos siquiera si vivíamos bien o mal porque no había nada distinto con lo que nos pudiéramos comparar.”
(Véase el link)

 

No podía imaginar una situación semejante, prácticamente aislados de lo que ocurría fuera de su propia realidad, ¿incertidumbre o comodidad? Para mí la información llega constantemente de todas las formas y medios con los que contamos, ya sea que los acontecimientos sucedan del otro lado del mundo.
Debió verme un poco confundida y para dejar más clara su idea me comparó la situación informativa con África, me decía:
“La diferencia hoy es que la televisión por satélite ha llevado las imágenes de nuestra vida hasta los rincones de África, y esas imágenes por ejemplo son las que han permitido a los africanos tomar conciencia de su verdadera situación, de su pobreza extrema.”
(Véase el link)
Ahí comprendí que estamos viviendo una época en la cuál la información es prácticamente instantánea. Pero yo me preguntaba, ¿qué tan fiable o verídica es esta información? ¿Qué papel están jugando los periodistas hoy en día?
Ryscard Kapuscinski me daba su opinión o punto de vista, de cómo se encontraba el periodismo actualmente.
El papel que juegan los periodistas hoy en día el lo ve completamente distinto:

“A diferencia de aquel periodista de hace 50 años, este trabajador de hoy es una persona anónima. Nadie lo conoce, nadie sabe quién es.”

Pero, ¿por qué sucede esto ahora? Le pregunte.
Me comentaba que esto se debía al cambio importante que sucedió en las rutinas de trabajo de los periodistas: el producto final que crea un trabajador de los medios masivos no es de su
autoría sino que constituye el resultado de una cadena de gente como él que participó en la construcción de una noticia.

Enfocándose en los jóvenes periodistas, me mencionaba los retos a los que hoy nos enfrentamos:
“Los jóvenes periodistas que hoy se desempeñan en el pequeño territorio de la prensa escrita van a trabajar en una civilización donde nuestra tarea importará cada día más.”

¿Por qué importaría más ahora que antes? Y así fue como me explico que había dos razones que considerar:

“La primera, porque es una profesión a través de la cual se puede manipular a la opinión pública; la segunda, porque los mecanismos de los medios construyen un mundo virtual que remplaza al mundo real.”

1_kapuscinski 

Entonces le comente que yo pensaba que esa manipulación de la opinión pública es importante para los grupos en el poder sea económico o político, que tiene ciertos intereses dentro de la sociedad. Afirmando lo que le comentaba y explicándome porqué sucedía así, me dijo que:

“Eso importa a los poderosos de este mundo, siempre tan atentos a los medios, porque así dominan la imagen que dan a conocer a la sociedad y operan sobre la mentalidad y la sensibilidad de las sociedades que gobiernan. El resto accede al discurso fragmentado y superficial que los grandes medios condensan en un minuto: se trata de un problema que seguiremos sufriendo mientras las noticias muevan tanto dinero, estén influidas por el capital y compitan como productos de los dueños de los medios.”

(Vease link)

Me dio como referencia los acontecimientos trágicos que tuvieron lugar en Ruanda en el 94.
Fue una de las masacres más grandes del siglo XX, en un país pequeño y desconocido dentro del continente africano, con una estructura sociológica muy complicada, con una historia cultural y étnica peculiar poco conocida. Aunque muy poca gente supo en realidad lo que sucedió ahí, un grupo reducido quedó anonadado de la falsedad con la que se dio a conocer lo que se vivió en Ruanda, por parte de los medios cuando la noticia se difundió a nivel mundial.

Recalcaba la importancia así:
“Esa construcción ficticia fue la única historia que conocimos, la única que hubo y quedó, porque las voces alternativas —los pocos libros que aparecieron sobre Ruanda de antropólogos, sociólogos y otros especialistas— no pueden ofrecer la misma accesibilidad que los medios masivos.”

Un ruido desconcertante sonó y sonó, y así abrí los ojos, dándome cuenta que me tenía que despertar para clase de laboratorio de periodismo.

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